El punto de partida: tres halos de anomalía
El bloque estaba en una franja metalogenética poco explorada. El trabajo de superficie inicial había delineado tres amplios halos de anomalía: suficiente para ser interesante, no para perforar con confianza. La pregunta era cómo pasar de indicios superficiales a objetivos definidos y perforables sin una campaña larga e invasiva.
Dos fases, cuatro meses
La cartografía de Fase I y II refinó esos tres halos en seis anomalías industriales georreferenciadas. La caracterización por RMN resolvió después la geometría en profundidad, reconstruyendo diecinueve cuerpos mineralizados en nueve secciones de profundidad, desde 45 metros hasta poco más de 5.000 metros.
Por qué importa el 3D volumétrico
Un mapa de anomalías plano indica dónde mirar; un modelo 3D indica cómo perforar. Ver los cuerpos en volumen —su profundidad, extensión y relación entre sí— convierte objetivos dispersos en una imagen geológica única y coherente y en un plan de perforación priorizado.
Perforación informada, no a ciegas.
Beneficios documentados
- Dos fases de exploración completadas en cuatro meses.
- Cero impacto ambiental durante la exploración.
- Treinta puntos de perforación recomendados, ordenados por prioridad.
- Una visión geológica integrada en lugar de lecturas aisladas.